Miguel Ángel, natural de Ermua, fue secuestrado, torturado y finalmente tiroteado en 1997, a sus 29 años, por ETA. Un suceso que conmocionó a todo el país y fue el inicio de miles de movilizaciones cívicas contra la violencia terrorista. Cambió España y significó la mayor muestra de unidad que se ha vivido en este país en muchos años.

Víctimas del terrorismo

La historia, desgraciadamente, se repitió años antes con Gregorio, que con tal solo 37 años, en 1995, sufrió un atentado que acabó con su vida por ser teniente de alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián.

Irene, a los doce años, perdió las dos piernas y tres dedos de la mano izquierda a causa de un grave explosión de una bomba. Sobrevivió y hoy es periodista, escritora y psicóloga, además de deportista de esquí alpino adaptado. Toda una historia de supervivencia, superación y perdón.

De esto hace apenas solo 20 años y en cambio más de la mitad de los españoles, hoy en día, no sabe quiénes son.

Son solo tres nombres, tres historias que merecen ser contadas; la de Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez e Irene Villa. Por Netflix, HBO, Movistar+ o Amazon Prime o cualquier otra plataforma de contenidos audiovisuales o productora audiovisual.

Estamos viviendo el fenómeno de la seriación de contenidos históricos de España, como la aclamada serie documental ‘El Caso Alcàsser‘ de Netflix o ‘La Veneno’ de A3PLAYER.

Sin embargo, todavía nadie ha contado la historia de víctimas terroristas o personas que han sufrido el odio en primera persona y que forman parte de las páginas de los libros de historia de nuestro país. Quizá por el miedo a que se reavive el espíritu de unión perdido y del que muchos hoy en día se aprovechan.

En una sociedad donde las nuevas generaciones son consumidoras natas del contenido audiovisual se echan en falta historias que merecen ser contadas para combatir la desmemoria histórica entre los más jóvenes.

¿Por qué no vemos a Carlos Cuevas, Martín Rivas o Anna Castillo interpretando sus papeles en una miniserie de 8 capítulos?

Encontraremos la respuesta en la posverdad. En el interés de ciertos grupos de poder por cambiar la realidad a través de la manipulación de la historia. Porque es más fácil tensar a una sociedad frente al poder si les convencemos de que venimos de un lugar distinto al real.

Contar la historia de Miguel Ángel Blanco no es hablar del sufrimiento del pueblo vasco, ni atacar la figura del Movimiento Vasco de Liberación, término empleado por Aznar al principio de los 2000. Es una historia en la que hay buenos y malos, y jamás debemos olvidar quiénes ocuparon cada lugar.

En cambio, ensalzamos las producciones audiovisuales de figuras históricas, de mártires de una Guerra Civil que pronto cumplirá 85 años pero nos olvidamos de lo más reciente.

Todo es necesario, pero ¿por qué no vemos a Carlos Cuevas interpretando la vida del concejal del PP de Ermua? ¿O a Martín Rivas como Gregorio Ordóñez? ¿O Anna Castillo como Irene Villa?

Hay que ser realmente valientes para contar la verdad, por que esta, en muchas ocasiones supera a la ficción.

Esto es solo una simple acción de marketing, ideada por la agencia Martínez — March, con el objetivo de otorgar visibilidad y concienciar a la sociedad de que no todo se ha contado, ni se contará, por parte iguales.

Por eso, aquí, desde nuestra humilde tribuna rendimos homenaje a quienes han contribuido con su vida, su dolor y sufrimiento a hacernos comprender quiénes somos, qué es la libertad y qué debemos hacer para defenderla a toda costa.

Gracias.